Mi Experiencia Cercana a la Muerte


 

Las claves de la vida

Una tarde sombría, en octubre de 1986, volvía a casa del trabajo en mi bicicleta. De repente, vi un coche acercarse a mí a gran velocidad en una curva, en el carril equivocado. Solo pude ver los deslumbrantes faros, volé alto por el aire y aterricé a unos 20 metros detrás del coche. En el punto más alto sobre el vehículo, sentí como salí de mi cuerpo físico. Llegué a una apacible capa de luz que brillaba con colores pastel cálidos, hermosos y brillantes. La luz era mucho más fuerte y más densa que la luz del sol, pero sin deslumbrar. Parecía que estaba flotando en un mar de cristales de amor cálido, puro e incondicional. Escuché voces y sonidos provenientes de abajo y con mi voluntad y poder de pensamiento me transporté al lugar del accidente. Podía moverme con gran facilidad por el lugar, incluso podía atravesar materia sólida como automóviles y árboles. Vi gente parada alrededor de un joven herido tirado en el suelo. En ese momento no me di cuenta de que era yo quien estaba allí tumbado. Aquellos que le estaban ayudando tenían colores pastel hermosos, claros y puros a su alrededor, y se escuchaban tonos y vibraciones como dulce melodía. Los que habían conducido el coche se encontraban a cierta distancia de la escena. Estaban asustados y conmocionados y tenían colores oscuros y sombríos a su alrededor. Las vibraciones y los tonos que les rodeaban parecía barullo. Sentí y vi que mi ser emitía luz al moverme por la escena del accidente. Al prestar mi atención en el joven herido que yacía en la calzada, y cuando mis rayos de luz le atravesaron, ¡me di cuenta de que era yo! En ese momento, reviví el accidente. Escuché el choque y sentí como dejé mi cuerpo físico. Pero en lugar de regresar al cuerpo que yacía en el suelo, fui envuelto por una luz cálida y regresé a la capa de luz de la que provenía. Allí conocí a cinco figuras transparentes de luz que me dieron la bienvenida. Fue como un bello reencuentro con viejos amigos que no había visto en muchos años.
Nuestra comunicación fue telepática y me dijeron que eran mis ayudantes, mis guías que me han seguido durante toda la vida. Se dirigieron a mí y me dijeron: "No sabéis que existimos. Pero siempre estamos cerca para ayudaros con todo lo que necesitéis, para que siempre podáis vivir felices con todo vuestro poder creativo. Os enfocáis más en la oscuridad y en lo físico, y vivís en constante conflicto y en separación. ¿Creéis que durante vuestra corta vida en la tierra tenéis tiempo para esto?” Las figuras de luz me enseñaron cómo los humanos estamos construidos y cómo funcionamos como seres de energía electromagnética y cómo deberíamos haber vivido desde el principio. Me explicaron que los pensamientos y sentimientos son energía que irradia constantemente de nosotros como ondas de radio. Eso es lo que vi alrededor de las personas que estaban en la escena del accidente.
Mi encuentro con las figuras de luz y lo que me transmitieron lo describo con más detalle en mi libro "Estuve muerto durante 8 minutos y regresé con las claves de la vida".
No quería más que permanecer en la luz amorosa, pero las figuras de luz me explicaron que estaba predeterminado que regresaría a la tierra. Me dijeron que volvería a la vida para hacer que otras personas se concienciaran de los tremendos poderes y habilidades que todos poseemos para cambiar nuestras vidas.

Mi experiencia cercana a la muerte cambió mi vida por completo.


Mis ocho minutos en el lado de la intemporalidad fueron como ocho años en nuestra dimensión a la hora de adquirir conocimientos. Pero lo más importante, pude volver a conectar con mis amigos ayudantes del otro lado. El hecho de que grandes modelos espirituales como Jesús y Buda pudieron realizar milagros y vivir iluminados, solo fue posible porque pudieron conectarse a un sistema de energía superior al que todos tenemos acceso. Todos contamos con enormes poderes y habilidades para transformarnos. ¡Esto es lo que quiero enseñarte!

Martin Wentzel